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Archivo de la categoría: Prosa poética

SOLSTICIO DE VERANO

 

En la noche del solsticio
entre estrellas y fogatas
quememos nuestras erratas
y lo que no fue propicio.

No importa perder el juicio
saltando las luminarias,
que no son imaginarias
las brujas que se aparecen,
pues en los calderos cuecen
las memorias milenarias.

La luna se pone triste
porque el sol dura en el cielo
y llora su desconsuelo
con el fuego que la asiste.

y la noche se resiste
pues aunque sea mas corta
es la magia lo que importa.
Bailemos cerca del fuego
que venga el duende y el juego
a donde el versar conforta.

Noche de magia y de fuego

Noche de magia y de fuego
donde el sol pierde su rumbo,
seducido por la luna
entre colores difusos.

Saltan chispas de los ojos
de aquellos amores brujos
que los duendes van creando
al calor de algún susurro.

Brujas que hacen aquelarre
y queman malos impulsos,
con espadañas y yerbas
haciendo grandes conjuros.

Meigas que traerán la suerte
trasgos y también lechuzos,
estarán en el solsticio
que empieza el día ventiuno.

La luminaria mas fuerte,
la mas hermosa fogata
y la mejor serenata
en este foro se advierte.
Y que la luna despierte
que vengan meigas y brujos,
los trasgos y sus influjos
que aquí todos estaremos
y Universales seremos,
recibiendo sus embrujos.

Y tengamos buen cuidado
de solicitar permiso
y de apagar bien el piso
que nada quede olvidado.
Que el fuego esté controlado
para hacer el aquelarre,
donde lo malo se barre
y se hecha a la luminaria
con una bruja emisaria
que a la magia nos amarre.

Noche de San Juan

Acompáñame hasta el fuego,
salta conmigo la hoguera
y olvidemos tan siquiera
lo que nos quita el sosiego.

Las intenciones repliego,
las pena que me doliera
y sobre el fuego quisiera
que se quemara mi ruego.

Brujas que entonan canciones
y entre sombras los silbidos
que animan los corazones.

Y entre gritos coloridos
solsticio de las naciones
en la noche del olvido.

Juana Corsina

 
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No volarán las cometas de los niños cautivos

 

 

No hay cintas de tafilete

que puedan amarrar las lenguas,

cuando arrastran la verdad

y guardan -como quelonios-

las palabras dentro de su caparazón.

Cuelgo las llamas que salen de mi boca

en un talabarte que se sostiene junto a mi piel,

despecho callado de tanta injusticia.

Construye el dolor un tándem

que avanza hacia la conciencia,

y pedalean con fuerza iracunda

las protestas de aquellos a los que

se les obliga a callar su explotación.

Súplicas de papel, con lágrimas de tinta

que escriben el réquiem

de quien entrega la vida sin saber,

siquiera, que la había comenzado.

Y mientras, se escuchan los vagidos mudos,

las infantiles voces que cantan a la luna

porque el sol, apenas roza sus párpados

alambrados en los sótanos de los titanes.

(El viento recogido en un hatillo,
no hará volar las cometas.
Porque el oro de sus sueños,
es la codicia de los indeseables)

 

Juana Corsina
01/11/07

©®

 

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La cobardía de las tinieblas

 
 

 

 

 

Si la noche no fuera tan cobarde

nos daría la mano sin los dedos oprimidos.

 

Cuatro por mil

y mil por ciento

de sonrisas y esperanzas;

cruel frontera de las mentes dormidas.

 

 

Sueños ¿qué sueños?

Absurdas ilusiones,

perezosas bocas que no besan

que no hablan,

que no mastican siquiera, los instantes de placer;

de lento placer, patinado de sencillas palabras.

 

No puedo soportar la ausencia de luz,

la oscuridad esconde

 la vergüenza,

 el dolor,

 el lamento que se escucha en los cansancios.

 

 

Sin embargo me envuelvo en ti

y advierto, en tu niebla,

la ventana abierta al desvarío de las sombras.

 

 

Basta ya de sinsabores,

de cobardes dudas

que guardan las miradas

y los nombres.

Al fin, la cobardía, no es más que huidas de albores y promesas

que seduce con el silencio y el olvido.

 

¡Vade retro! a las tinieblas

que

envenenan

los sentires

y perturban

los descansos.

 

 

 

Juana Corsina

31/08/09

Del libro: Ángulo muerto

 

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Día de la mujer- Una Mujer sabe…II

UNA MUJER SABE…

 

 

Una mujer sabe de escalofríos,

de noches silenciosas que arrugan el alma  y vuelven de algodón las esquinas de una alcoba solitaria y húmeda.

Una mujer, sabe cuando debe de callar las caricias que se agolpan en las manos

y mientras,  duerme los sentires , así, suavemente

cómo sabe una mujer.

 

Una mujer despierta en la noche y siente frío;

está sudando la piel, (añeja de memorias y olvidos)

pero siente el frío de quien conoce el destino de los sueños.

Una mujer, jamás dirá que ha soñado,

se limitará a sonreír y en esa sonrisa

tal vez,  logre acompañar a la quimera  del deseo cumplido y deje, al fin,

de acariciar mañanas solitarias y noches pueriles.

 Una mujer no ignora cuando debe de permitir a los labios que derramen las palabras olvidadas.

Mientras,

-esa mujer- seguirá muriendo

porque sabe que debe morir y no teme al cancerbero de la niebla que acuna los susurros de la nana de vida.

 Pero no dirá nunca que está amando porque esa mujer conoce, los desencantos y el miedo del mundo;

del mundo que se sabe enamorado de esa mujer.

 

Una mujer sabe amamantar la vida

porque tiene los pechos llenos de verdades;

de días y de noches ajenas,

de ortos y ocasos que acuna entre los brazos cansados

y, aún así, su pechos rebosan manjares de silencios

donde la soledad descubre su fuerza.

Vino el viento y mamó sabiduría y experiencias

que, tal vez, el huracán de la intolerancia

utilizó para combatir con la actitud desembocadora de tristezas.

Pero, dulce – mente, esa mujer levanta su mirada y sonríe,

sabedora de futuros  que gestó escogiendo, las semillas

ausentes de vanidades y falacias.

Hay un espejo mudo al que ella hace hablar,

un movimiento eterno que aguarda, la melodía de un instante,

un verso que la habita,

un color que se esparce,

un parto, al fin…

donde la obra se culmina en voz y expresión en femenino.

 Con sables de seda, blande sus sentires

y se alborota el interior casi dormido,

que despierta entre las brumas olvidadas y viejas letanías.

 Porque una Mujer sabe que nunca,

 palidece la memoria y la libertad de ser mujer.

¡Lo sabe!

 

 

Juana Corsina

©®

 

 

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Cocinando despedidas

Sentirás por un instante
el frío en la espalda
y ya no habrá, entonces,
nada con que cubrir tus silencios.

Licor de perejil
y pastel de ajos
sobre una mesa vana de analogías.

A las veintiséis cuarenta
-por la hora antigua-
cenaré las lágrimas de almidón
en el comedor del recuerdo
y colgaré los sueños,
donde antes estaban la cortinas
que bordamos de zarandajas.

Hay demasiadas sillas tristes,
tapizadas de ausencias revividas,
al carón de los anhelos.

¡Cenaré! Sola,
los manjares del silencio cotidiano
-cosechas acostumbradas-
Tiempo imperfecto que se ha muerto,
cocinando despedidas.

J. Corsina
08/11/08

 

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Tristeza

Apareces con tu pétrea sonrisa
con los labios agrietados y los dientes rotos,
envejecida desde siempre.

Yo no te solicito, deseo mis ojos blancos
mirando un universo sin sombras impúdicas.

Todo lo negro te reproduce.
Aleja ya, tus manos de las vidas francas,
del tibio calor de los humanos,
no evitarás que la semilla, sea flor
y el gusano, mariposa.

Desaparece de la sombra, esconde tus trapos
dónde guardas las lágrimas que derramamos.
No me vengas buscando, que nadie te obliga.
Aíslate de la luna que empuja la conciencia;
el dolor cuándo viene, tiene su tiempo
pero tú… sólo eres su consecuencia.


Juana Corsina
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Rituales de codicia

Ágiles sombras de vísperas salvajes,
anuncian el metálico presidio
de la lenguas hervidas en secreto
y llega, ciega, la tortura de los cuerpos
que oculta el fervor impuro
y ejecuta en silencio, las sílabas ebrias
de un exacto grito que atraviesa la razón.

Cerca del agua, la guerra,
cerca de la guerra, el exceso
y en el exceso mismo…
el dolor calcinado de unos corazones
plantados junto a las malvas.

Muere el hombre.
El universo afila sus cuchillos
e ignora la súplica de los tiempos.

.·.* ·.·

Héroes de almidón
se apiñan en simulacros
que desordenan el alma.

A pesar de no haber dormido,
las sábanas y las almohadas cóncavas
madrugan taciturnas, abasteciéndose
de juramentos y demencias.
Estrangulados músculos que dejan al desnudo
los huesos rotos de la paloma blanca,
mientras la muerte, toca con los nudillos
la ventana de la miseria.

Rituales de codicias
donde la carne, se obstina
en dormir bajo el dosel de la esperanza.

Es la guerra… y yo,
me hago cargo de todas las pesadillas.

Juana Corsina
19/07/08

 

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